Por Ramón Bonet y Antonieta Garrote
Sol, verano, playa y bronceado son imágenes mentales que un importante segmento de la población asocia a las vacaciones estivales y al tiempo libre en el que se espera disfrutar del descanso y de la naturaleza. El sol, inagotable fuente de calor y color, acompaña con fuerza estos días, pero la exposición a sus rayos nos pasa factura tanto a corto como a largo plazo, a no ser que adoptemos las medidas necesarias para contrarrestarlos.
Hoy día son sobradamente conocidos los efectos nocivos de la radiación solar, especialmente después de las intensas campañas llevadas a cabo los últimos años desde diversos estamentos con el fin de concienciar a la población de la necesidad de proteger la piel y de prevenir la aparición de lesiones más graves a largo plazo. Igualmente, se ha incidido en la necesidad de instaurar medidas de protección eficaces con independencia de la edad del individuo, aunque concienciando a los ciudadanos de que esta medida es especialmente crítica cuando hablamos de población infantil/juvenil. Para ello, ha sido y sigue siendo básica la labor que han desarrollado todos los profesionales sanitarios implicados, divulgando con claridad y efectividad las nociones básicas.
Para afrontar exitosamente estas medidas es necesario conocer a fondo los instrumentos disponibles en la lucha contra los efectos perjudiciales asociados a la radiación solar. El dermatólogo, es actor clave para ello, ya que en materia de fotoprotección la prevención es la mejor baza y, por consiguiente, los profesionales de la salud deben convertirse en educadores sobre cualquier materia vinculada directa o indirectamente a la protección solar.
El abordaje tradicional de este tema siempre se había basado en la instauración de medidas «externas». Para ello se ha hecho uso de prendas, accesorios y equipamientos protectores que impiden que la radiación solar incida directamente sobre la persona, así como de preparados cosméticos de aplicación tópica que, por diferentes mecanismos, son capaces de disminuir los efectos de la exposición a los distintos tipos de radiación UV.
La creciente preocupación por los efectos que a corto, medio y largo plazo se derivan de la sobreexposición solar y el mayor conocimiento de los mecanismos de defensa de que dispone nuestro organismo frente a este tipo de agresiones ha generado que el objetivo de la fotoprotección se aborde desde esas dos perspectivas: desde «fuera», la forma más tradicional, y desde «dentro», mediante lo que se acostumbra a denominar (erróneamente) como cosmética oral.
Es sobradamente conocido que la consecución de una piel bella y sana no sólo se debe a los preparados cosméticos que se le aplican. Si bien éstos pueden ser de gran utilidad, es imprescindible que el individuo lleve una dieta sana y equilibrada, rica en vitaminas y minerales y beba abundante agua para mantener un adecuado grado de hidratación. Si ello es así, no resulta descabellado pensar que la administración oral de cierto tipo de compuestos puede también ayudar a la piel a protegerse del eritema y del fotoenvejecimiento, preservando al mismo tiempo sus defensas.
FOTOPROTECCIÓN ORAL
Los fotoprotectores orales son productos encuadrados, desde la perspectiva regulatoria, en el grupo de los denominados complementos alimenticios. Genéricamente, por su composición y finalidad, no responden a la condición de medicamento, ni tampoco pueden ser considerados de ninguna manera productos cosméticos, ya que su forma de administración oral expresamente los excluye de este grupo de productos.
Los fotoprotectores orales persiguen en primer término proteger la piel frente al eritema inducido por la radicación UVB, actuando sinérgicamente con los fotoprotectores tópicos. Los preparados a base de betacarotenos, provitamina A, podrían estar indicados para preservar la piel de la quemadura solar, sin embargo no existen todavía evidencias concluyentes al respecto.
Adicionalmente, mediante un efecto puramente fisiológico, protegen al organismo de la acción de los radicales libres generados por la incidencia de los rayos UVA sobre la piel y previenen de este modo el fotoenvejecimiento cutáneo.
Otra de las líneas de actuación de este tipo de preparados es salvaguardar las defensas de la piel, realizando una acción inmunofotoprotectora sobre las células de Langerhans y sobre la doble hélice de ADN al evitar la formación de dímeros de timina. Para ambas acciones se dispone de complejos vitamínicos: vitamina C, tocoferol, licopeno, extractos vegetales (té verde, Polypodium leucotomos, granada, uva…).
Estos preparados están especialmente recomendados en personas con extrema sensibilidad al sol, ya como consecuencia de su fototipo de piel o como resultado de sufrir fotodermatosis, tratamientos con fármacos fotosensibilizantes… Sin embargo, no debe olvidarse en ningún momento que la fotoprotección oral es sólo un complemento a la protección tópica y que ésta última es, en todo caso, imprescincible.
FOTOPROTECCIÓN TÓPICA
La forma más efectiva de proteger nuestro organismo de la radiación solar es la utilización de piezas de vestuario y accesorios que impidan que ésta incida directamente sobre la piel y las mucosas. Prendas fabricadas a partir de tejidos naturales que permitan una adecuada transpiración, gorras y sombreros, así como gafas de sol son ineludibles.
El usuario dispone también para tal efecto de una amplia gama de fotoprotectores de aplicación tópica: cremas, geles, lociones, barras labiales, mascarillas capilares… que aplicados sobre la piel humana y sus anejos, poseen como finalidad exclusiva o principal proteger la piel, absorbiendo, dispersando o reflejando la radiación ultravioleta.
Estos compuestos están clasificados como cosméticos, y a pesar de ser un elemento de consumo, el usuario suele recurrir para su elección a profesionales que, tras estudiar las características del usuario (tipo de piel, zona de aplicación, edad, actividad a realizar…) aconsejan el producto que mejor responde a sus necesidades y pautan la forma de administración más adecuada para garantizar la máxima efectividad.
Los preparados antisolares deben ser efectivos tanto frente a los efectos inmediatos del sol (eritema e inflamación cutánea), derivados mayoritariamente de la acción de la radiación UVB, como frente a los efectos tardíos inducidos por las radiaciones solares UVA (envejecimiento actínico, inmunodepresión, carcinogénesis…). Para ello este tipo de productos incorporan como ingredientes activos los denominados filtros solares, responsables de su mecanismo de acción. Atendiendo a esta característica encontramos tres grandes tipos de filtros: químicos, físicos y biológicos.
FILTROS QUÍMICOS
Los filtros químicos son moléculas orgánicas, normalmente compuestos orgánicos aromáticos de estructura conjugada, que gracias a su estructura química poseen la capacidad de absorber la energía de los fotones de las longitudes de onda propias del espectro ultravioleta, alterando su estructura molecular (pasando de un nivel energético fundamental a un nivel energético excitado). Se impide así la transmisión de la radiación a los tejidos subyacentes y, por consiguiente, se evitan los efectos negativos sobre ellos.
En función de su estructura química, cada una de estas moléculas posee un espectro de absorción óptimo a unas longitudes de onda determinadas, lo que justifica su acción como filtros UVA o filtros UVB. Puesto que los cosméticos antisolares deben ofrecer protección frente a ambos tipos de radiación, para optimizar esta cobertura se requiere la combinación de varios de estos filtros, que permite conseguir una cobertura espectral lo más amplia posible.
FILTROS FÍSICOS
Los filtros físicos son sustancias inorgánicas, normalmente micropigmentos ultrafinos (óxido de cinc, dióxido de titanio…) que se presentan formando suspensiones opacas. Actúan a modo de pantalla con un doble efecto: por una parte reflejan/dispersan la luz y por otra, la absorben, ofreciendo una buena protección tanto frente a UVA como a UVB.
Dada la naturaleza y composición de este tipo de preparados, las primeras formulaciones que aparecieron en el mercado tenían el inconveniente de que conferían a la piel un aspecto blanquecino. En la actualidad, estos preparados se han optimizado al haber pasado a incorporar los ingredientes activos en forma de partículas micronizadas (tamaño inferior a 200 nm) y recubiertas. Con ello se potencia su dualidad reflexión/absorción y se confiere a estas partículas una transparencia y propiedades cosméticamente aceptables, otorgándoles una mayor fotoestabilidad y adherencia a la piel al tiempo que se disminuye su fotorreactividad.
FILTROS BIOLÓGICOS
Los filtros biológicos son moléculas antioxidantes y secuestradoras de radicales libres que se incluyen en los fotoprotectores con la finalidad de restaurar el equilibrio oxidativo cutáneo y neutralizar los efectos de los radicales libres generados en la piel por la radiación ultravioleta incidente. A medida que se han ido conociendo los efectos que sobre el sistema inmunológico tiene la exposición solar, se han empezado a incorporar también a estas formulaciones, moléculas que estimulan de forma inespecífica el sistema inmunológico de la piel (previenen la migración de las células de Langerhans o la dispersión del agente inmunosupresor sistémico IL-10). Dentro de esta familia de ingredientes, dos vitaminas -el ácido ascórbico y el tocoferol- son ampliamente utilizadas en productos cosméticos antisolares.
Con independencia de la mayor o menor eficacia protectora que puedan aportar cada uno de estos tipos de filtros, los preparados para la protección solar suelen incluir combinaciones de ellos. Con ello se pretende sinergizar sus efectos y conseguir formulaciones cosmetológicamente aceptables, dotadas de un factor de protección solar más elevado y que, a la vez, ofrezcan un mayor espectro de protección frente al amplio abanico de los posibles «efectos adversos» que la exposición solar puede tener sobre la piel.
Adicionalmente, a los filtros solares incorporados debe exigírseles una buena compatibilidad con el resto de ingredientes de la formulación cosmética, estabilidad frente al calor, humedad y luz, ausencia de toxicidad y baja irritabilidad y/o capacidad de sensibilización.
REMANENCIA
Otra de las características que deben presentar los fotoprotectores es una adecuada remanencia o capacidad de permanecer sobre la piel donde han sido aplicados, incluso si el usuario suda, juega con la arena o va a realizar baños o inmersiones en el agua, actividades todas ellas muy frecuentes en los meses de mayor irradiación.
Atendiendo a estas características pueden distinguirse:
• Formulaciones resistentes al agua, característica muy valorada en los fotoprotectores dadas las condiciones en las que suelen ser aplicados. Pueden distinguirse dos menciones: water resistant -capacidad de permanencia después de una inmersión en agua de 40 min (2 baños de 20 min cada uno) de forma que como mínimo quede un 70% del valor del factor de protección calculado sobre piel seca- ; waterproof – capacidad de resistir sin perder efectividad después de 4 baños de 20 min cada uno.
• Formulaciones resistentes a la fricción: rubproof -permiten el roce sin perder las propiedades protectoras-. Es una característica especialmente valorada en los fotoprotectores pediátricos, que mantienen sus propiedades a pesar de la intensa actividad de los más pequeños en la playa.
ETIQUETADO
Por último, y considerando que estos artículos son productos cosméticos de venta libre, y por consiguiente pueden ser adquiridos sin la mediación de un profesional sanitario, el usuario debe disponer de forma clara, precisa e inteligible de toda la información que le permita conocer las indicaciones, forma de aplicación y pautas de administración de los fotoprotectores que adquiere. Para ello, el etiquetado del cosmético resulta un elemento indispensable para que el usuario pueda elegir adecuadamente el producto más adecuado y optimice su administración. En aras de ello, la comunidad científica y regulatoria ha dictado una serie de recomendaciones que deberían reunir este tipo de productos:
• Debe indicarse el tipo de protección que ofrece, haciendo mención expresa en el etiquetado a si el preparado es efectivo frente a las radiaciones UVA y UVB (causantes respectivamente de las quemaduras solares y del envejecimiento cutáneo/interferencias con el sistema inmunitario).
• Con el fin de indicar que el preparado protege frente a la radiación UVA se introducirá un logotipo UVA (fig. 1) y se indicará también el grado de protección. Para su determinación existe un método de ensayo normalizado por el cual se calcula la protección mínima cuantificada.

Fig. 1. Logotipo normalizado UV-A.
• El grado de protección UVB que ofrece el cosmético debe ser indicado claramente con descriptores verbales normalizados (indicados en la tabla 1 como grado de protección) y con una única escala numérica obligatoria (FPS).
Grado de protección / Factor de Protección Solar
Bajo / 6 – 10
Medio / 15 – 20 – 25
Alto / 30 – 50
Muy alto / + 50
• En el etiquetado del producto no debe figurar la mención «pantalla solar», «bloqueante solar», «protección total» o similares, ya que son términos que tienden a ser interpretados de forma engañosa. Actualmente no se dispone de ningún producto que proteja de forma completa frente a la radiación ultravioleta.
La uniformidad en los mensajes que incorporan las etiquetas de este tipo de cosméticos es una forma eficaz y sencilla para que el ciudadano sea capaz de interpretar con mayor propiedad la oferta de productos y la información que se ha puesto a su disposición.
FOTOPROTECCIÓN DIVULGATIVA
Si bien son muchos los beneficios, tanto fisiológicos como psicológicos, vinculados a la exposición solar, no deben menospreciarse los peligros de una excesiva radiación solar, especialmente los que contribuyen a incrementar el riesgo de desarrollar un cáncer de piel.
Una mayor predisposición del individuo, un menor de grado de protección ambiental, los efectos acumulativos e irreversibles de la radiación solar son, entre otros, factores que han propiciado que se efectúe desde distintos estamentos sanitarios una amplia labor divulgativa en este ámbito. Es necesaria, no obstante, una mayor concienciación sobre los riesgos derivados de una deficiente protección solar por parte de la población general. Para ello, desde el portal de salud pública de la Unión Europea se han puesto a disposición de autoridades, organismos y colectivos interesados de los Estados miembros una serie de pictogramas (fig. 2), de carácter gratuito, que informan y aconsejan con el objetivo de minimizar el potencial daño generado por una incorrecta exposición solar.

Fig. 2. Pictogramas divulgativos sobre protección solar diseñados por la unión Europea.
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