Crononutrición: 7 cuestiones clave para entenderla

La crononutrición es un método basado en el reequilibrio alimentario; se trata de un modo de alimentación que ayuda a mantener, o a recuperar, la línea siguiendo algunas reglas que cambiarán tus costumbres. Nada de alimentos prohibidos, sino un horario de comidas que tendrás que seguir a rajatabla.
Surgida en 1986 de los trabajos del Dr. Alain Delabos, la crononutrición es una forma de alimentación que respeta nuestro reloj biológico. Se apoya en un principio básico: dependiendo del momento en que se realiza la ingesta, un mismo alimento puede, o bien asimilarse correctamente por el organismo, o bien dirigirse directamente hacia los «carriles de almacenamiento» para alojarse allí donde no queremos, es decir, las carderas, los glúteos, el vientre, etc.

Hoy en día, nuestro precipitado modo de vida nos lleva a comer en un abrir y cerrar de ojos, a cualquier hora y de cualquier manera. Has de saber que este método promueve  el consumo de lípidos y proteínas, sobre todo por la mañana, e incluye poca fruta y verdura. Se trata, por tanto, de una dieta que conlleva riesgos, especialmente de hiperlipidemia como señaló el Dr. Anses a finales de 2010 después de haber analizado  15 "dietas estrella” (incluida la crononutrición). Así que, antes de empezar esta dieta, debes consultar a tu médico de familia o a un nutricionista.
Para elaborar este método, el Dr. Delabos partió del principio de que los alimentos no se asimilan de la misma manera dependiendo de la hora a la que se consumen. En función del momento del día, el organismo utilizará de una manera u otra los alimentos: estos pueden transformarse en energía o bien almacenarse y, a largo plazo, provocar un aumento de peso.

Está demostrado, por ejemplo, que las grasas y los azúcares consumidos por la noche tienden a  almacenarse mientras que si se consumen por la mañana representan una fuente de energía importante. De ahí la necesidad de "consumir queso por la mañana y no por la noche, ya que es demasiado graso” como señala el Dr. Chauchard, que comercializa un método similar llamado crono-geno-nutrición (que combina crononutrición, depuración, índice glicémico y "un programa alimentario según el grupo sanguíneo”).

En otras palabras, si quieres perder peso tendías que adaptar la alimentación en función de las variaciones metabólicas del cuerpo a lo largo del día.
El morfotipo, es decir, tus características físicas (silueta en forma de diábolo, campana…) resulta, por una parte, de la genética aunque las costumbres alimentarias y la actividad física también influyen. La crononutrición tiene en cuenta el morfotipo de cada uno con el fin de ayudarte a comprender cómo funciona tuo organismo y por qué tiendes a almacenar unos alimentos más que otros.

Crononutrición: cuatro comidas al día

Claude Chauchard nos recuerda que el cuerpo secreta hormonas (insulina y cortisol) aproximadamente cada cuatro horas. Por eso, cada vez que tu cuerpo reclama alimento para funcionar correctamente, es importante aportarle los alimentos correctos en el momento oportuno. Es decir: alimentos grasos por la mañana, copiosos a mediodía, dulces en la merienda y ligeros en la cena (si no tienes hambre puedes incluso saltarte la cena ya que por la noche el cuerpo consume mucha menos energía).

Finalmente, según los principios de la crononutrición, las tres comidas (más la merienda) deberían tener lugar a horas fijas, con más o menos cuatro horas de intervalo entre cada una. Se trata del tiempo medio que necesita el organismo para hacer la digestión. Respetar este intervalo evita los riesgos de almacenamiento.

La crononutrición retoma el viejo dicho: "desayuna como un rey, almuerza como un príncipe y cena como un mendigo”.

El desayuno debe ser copioso y debe estar compuesto de queso, mantequilla, feculentos (pan, arroz), proteínas (huevo, jamón) y fruta ya que durante las horas de sueño, el cuerpo ha quemado numerosas calorías para regenerarse y al despertar las baterías están descargadas. Por tanto, el organismo necesita "carburantes” para enfrentarse al nuevo día. Y no se cuentan las calorías, ¡el cuerpo tiene todo el día para quemarlas!

La comida permite que tu cuerpo se mantenga durante el resto del día. Es mejor comer un plato único y componerlo, principalmente, de proteínas animales y feculentos. Los lípidos deben estar menos presentes que en el desayuno y los azúcares lentos y las proteínas vegetales deben consumirse igualmente en pequeñas cantidades.

Sin embargo, no debes comer demasiado: el objetivo no es hacer que el organismo sea más pesado ya que todavía tiene que generar actividad antes de descansar.

La merienda es muy importante en la crononutrición. Aportará al organismo la energía necesaria para aguantar hasta la noche sin tener que atacar la nevera a la hora de la cena, cuando el organismo tiende a almacenar más. En la merienda, hay que dejar un hueco para el azúcar y las frutas, frutos secos o chocolate negro.

Aunque esta comida no es obligatoria en la crononutrición, si cenas, opta por una alimentación ligera que no sature el trabajo del organismo durante el sueño. Hay que elegir alimentos fáciles de asimilar: pescado, carne magra, verduras. "Por la noche, hay que evitar los azúcares rápidos, grasas, feculentos”, señala Claude Chauchard. El objetivo es evitar relanzar la secreción de insulina.

Los alimentos prohibidos

Con la crononutrición, no hay ningún alimento prohibido, ya que lo que cuenta es consumir los grupos de alimentos correctos (proteínas, lípidos, glúcidos, vitaminas y minerales) en el momento adecuado.

Dos comodines por semana

El Dr. Delabos explica que, dos veces por semana, podemos permitirnos una comida que no siga las reglas de la crononutrición. Pero cuidado, ¡no más de dos veces por semana y no el mismo día!

Chocolate a diario

El chocolate negro es conocido por sus virtudes antioxidantes y por ser rico en magnesio. Y otra buena noticia: está más que recomendado en la crononutrición. Es una excelente fuente de energía que te permitirá acabar el día sin saltarte las normas. Hay que consumir chocolate negro (mínimo 70 %) y no más de 30 g al día.