Sauna criogénico

Los baños de gas a 180 grados bajo cero permiten, según dicen sus promotores, una recuperación rápida del cuerpo y la mente después de la práctica de ejercicio intenso o al final de un día horrible. Basta una sesión de tres minutos para poner a punto el tono muscular, aliviar los dolores y disfrutar de una potente sensación de energía.

Por lo que cuentan sus defensores, el criosauna «es la bomba», aunque no todo el mundo comparte esa opinión.

Los especialistas médicos consultados por este periódico discrepan sobre su eficacia real, aunque todos reconocen que el frío es y ha sido siempre una herramienta útil en Medicina. Desde los tiempos de Hipócrates.

El sauna criogénico es una nueva terapia contra el dolor y, según dicen, también remedia otros problemas de salud. Estos centros o frecen la posibilidad de someterse a una de estas gélidas sesiones, indicadas, según sus promotores, para el tratamiento de una larga lista de patologías relacionadas en su mayoría con el dolor físico, aunque también el psíquico, y con aplicaciones tanto en el ámbito deportivo como en el de belleza y la estética.

La cabina en la que se toman los baños es una especie de cilindro, abierto por su parte superior para poder sacar por ella la cabeza.

El usuario puede permanecer en su interior un máximo de tres minutos. Cuando la puerta se cierra, la máquina comienza a expulsar nitrógeno a 170 o 180 grados bajo cero.

La sensación que se tiene una vez dentro, según explica Ana Bilbao, que gestiona los centros de Sauna Criogénica en el País Vasco (España), no es de un frío intenso sino superficial, porque lo contrario podría resultar fatal para el usuario. "No hay riesgo de sufrir un paro cardiaco o una hipotermia, porque el vapor actúa sólo a nivel de la piel, no llega a los tejidos internos", explica.

El tratamiento no busca provocar una sensación general de frío. "Una ducha resulta más paralizante", detalla Ana Bilbao.

Lo que se pretende es 'engañar' al cerebro para que se ponga en estado de alerta y genere un gran número de endorfinas, las llamadas hormonas de la felicidad, a las que se atribuye un alto poder antiinflamatorio, analgésico, estimulante e incluso antidepresivo.

"Todo esto está demostrado científicamente en Polonia, Rusia y Ucrania", detalla Bilbao, quien asegura que gracias a la crioterapia alguno de sus clientes ha llegado a dejar de consumir la morfina que tomaba para calmar sus dolores.

El especialista en Medicina Interna Ricardo Franco tiene serias dudas sobre la eficacia del sistema. "Por debajo de los 34 grados -explica-, el cuerpo entra en una hipotermia, que si no está controlada te puede llevar a la muerte. Determinadas especialidades utilizan esta técnica para evitar que, en una cirugía, la zona en la que estás trabajando se te llene de sangre. Cuesta creerse todo esto que se cuenta sobre la criogénica".

El frío se viene utilizando en Medicina desde los tiempos de Hipócrates, que vivió entre los siglos quinto y cuarto antes de nuestra era. El histórico galeno griego, 'padre' de la Medicina, utilizaba el hielo para reducir las hemorragias y proporcionar analgesia a los soldados heridos, siguiendo la tradición iniciada por los egipcios en el año 2500 aC.

En la actualidad, la traumatología, la oncología y la cardiología figuran entre las especialidades que más recurren al uso de la hipotermia, aunque quizá sea la dermatología la que más utiliza tanto el frío como el calor como herramientas terapéuticas.
 
Lo más común, según explica la dermatóloga Nerea Landa, especialista de Dermitek , es el uso de nitrógeno líquido a 196 grados bajo cero para la quema de verrugas, lesiones en la piel y pequeños tumores.

Más reciente es la técnica de la criolipolisis, que permite eliminar hasta un 25% de la grasa de los rollos sin necesidad de recurrir a una liposucción. Es un aparato que succiona el rollo y destruye las células adiposas con frío a 13 grados bajo cero. "La criogenización tiene sentido. El frío es un antiinflamatorio muy conocido", valora la especialista.

Comparte esa misma opinión la médico del club de fútbol Eibar, Ostaiska Egia, que utiliza el frío tanto para tratar lesiones agudas como por su capacidad de analgesia.

En todos los deportes es común la aplicación de una bolsa de hielo sobre una rotura, pues alivia la sensación de dolor.

A los jugadores cuya salud vigila, después de entrenamientos fuertes o de algunos partidos, Egia les ofrece la posibilidad de sumergirse durante "tres o cinco minutos" en agua con hielo, que les cubre hasta la altura de la entrepierna.

El médico del Athletic, Josean Lekue, comparte los beneficios que aportan las terapias de frío, pero tiene serias dudas sobre las hipotéticas ventajas de las saunas criogénicas.

"Me parece que están bien, pero deben entenderse como una oferta de ocio, más cercana a los servicios que puede ofrecerte un balneario que a los de la medicina deportiva", defiende.

Inmersiones controladas en agua a 15 grados bajo cero, bolsas de gel y manguitos de criopresoterapia favorecen, según explica, la recuperación muscular de los deportistas de élite. A partir de ahí, añade, no todo vale para el deporte profesional.

"Hay poca evidencia científica sobre la reacción que puede activar en el sistema vascular el enfriamiento superficial de la piel", sentencia.

El sauna criogénico está de moda, pero quizás algunas preguntas, desde el punto de vista científico, todavía no tienen respuesta.